Kremlin impulsa a grupos ultraconservadores
Machismo, xenofobia y antiaborto impulsan a organizaciones vinculadas al FSB que crecen mientras la represión silencia a la sociedad civil.
En el panorama político ruso emergen organizaciones ultraconservadoras que combinan discursos machistas, xenófobos y antiabortistas, y que promueven la instauración de un "patriarcado estatal". Estas agrupaciones se autodefinen como defensoras de la tradición y la unidad nacional, pero sus actividades incluyen redadas y campañas de intimidación contra colectivos críticos.
Varios de estos movimientos mantienen vínculos estrechos con el Servicio Federal de Seguridad (FSB), lo que les otorga recursos y respaldo institucional. Su agenda antiinmigración se alinea con la narrativa oficial del Kremlin, que presenta a los migrantes como una amenaza para la identidad y la seguridad del país.
El crecimiento de estos grupos se produce en un contexto de creciente represión del Estado ruso hacia la sociedad civil disidente. Organizaciones de derechos humanos y medios independientes denuncian que la presión estatal, incluida la censura y la criminalización de la protesta, facilita la expansión de la agenda ultraconservadora sin contrapesos democráticos.




